La leyenda de Pozo Amargo
Como no podía ser de otra forma, el amor entre Fernando y Raquel provocó la más virulenta oposición por parte de las respectivas familias, convirtiendo su amor en algo prohibido y furtivo. Así, los enamorados no podían sino verse un rato cada noche en el rincón más oscuro del jardín del palacio del judío, en el que había un pozo.
Sólo así podía ser el amor para ellos, pero una noche don Fernando no apareció. Raquel lo esperó, sentada junto al brocal del pozo, hasta que le sorprendió el alba. A la noche siguiente, Fernando tampoco acudió a la cita...